Cómo la regla del codo ayudó a que mi hijo aprendiera lo que es el
espacio personal
Mi historia
Soy madre de dos hijos. Mi primer hijo, Juan Jose, está por cumplir 12
años. Aunque le gusta ser sociable, muy a menudo se acerca demasiado a las
personas y puede hacerlas sentir incómodas.
Qué estaba haciendo
Al principio pensamos que la razón por la cual se paraba muy cerca era
porque no entendía cómo actuar en situaciones sociales. Por lo que mi esposo y
yo intentamos enseñarle la regla social sobre el espacio personal.
Intentamos explicársela:
“El espacio
personal es el área cercana al cuerpo de una persona. Las personas se incomodan
cuando entras a su espacio personal”.
Intentamos hacer analogías:
“Imagínala como una ‘burbuja personal’ y que una
persona se encuentra dentro de ella”.
Intentamos sonar molestos. (No es difícil cuando estás un
poco molesto):
“Me acabas de dar
un codazo en el estómago cuando te volteaste. ¿Cómo es que eso no es demasiado
cerca?”.
Pero nada de eso funcionó. Él seguía parándose muy cerca de las otras
personas.
Lo que me hubiera gustado saber antes
Para ser honesta, tener a alguien en mi espacio personal me saca de
quicio. No me gusta. Me irrita.
Necesito más espacio personal que lo que otras personas necesitan. Creo
que se debe a mis dificultades del
procesamiento sensorial. Dificultades sensoriales que mi
hijo también tiene. Él puede ser sensible a ruidos
fuertes o a la textura de algunas
cosas.
Después me di cuenta que sus dificultades del
procesamiento sensorial podían afectar su
conciencia corporal. Ahí fue cuando comprendí:
¡Jacob había entendido la regla social sobre el espacio
personal. Sin embargo, no siempre podía saber la posición de su cuerpo en
relación con las otras personas!
¿La solución? Averiguar una manera de ayudarlo a saber cuándo separarse
más. Por lo que le enseñamos la regla del “codo” o del “ala de pollo”:
“Si tu codo toca a
una persona cuando colocas tus brazos como las alas de un pollo, entonces estás
parado demasiado cerca de esa persona”.
Esta sencilla regla funcionó mucho mejor que cualquier explicación.
También lo ayudó a que mejorara su conciencia corporal.
Al principio, Juan Josese veía un poco chistoso caminando con sus alas
de pollo. Pero con el tiempo refinó su técnica. Ahora parece más como si se
estuviera estirando que como si intentara volar.
En ocasiones, incluso, lo escucho que juega a la “mamá gallina” con su
hermana menor y le dice, “¡estás demasiado cerca de mí! Utiliza la regla del
ala de pollo”.
¿Está buscando otras maneras de ayudar a que su hijo no se pare
demasiado cerca de los otros? Eche un vistazo a estos consejos sobre cómo enseñar a su
hijo sobre el espacio personal. También puede que
le interese leer sobre cómo el procesamiento
sensorial puede afectar las habilidades motoras.
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